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DIVERSAS EXPOSICIONES

 

AQUELLA PRIMERA EXPOSICIÓN MEMORABLE

 

Gracias a su maestro Gustavo Foppiani, Mondéjar pronto expuso en varias galerías de arte de Italia y otros países de Europa como Francia o Bélgica. Su nombre como artista empieza a ser conocido en los medios artísticos y a tener admiradores de su obra por distintos puntos de Europa en los años setenta.

Una de estas exposiciones merece especial mención por lo singular de su desarrollo. Fue en 1974, en la “Gallería La Dogana” en Castel San Giovanni (Piacenza – Italia); cuando solo faltaban dos días para la inauguración de la muestra, con los catálogos enviados a los clientes, los carteles y la publicidad distribuidos por la ciudad, un coleccionista anónimo napolitano, solicitó al galerista ver la exposición privadamente. Esta persona quedó tan fascinada e impactada ante la obra que se iba a exponer, que decidió comprar los 34 cuadros allí expuestos.

Obra de esta exposición

Puesto al corriente el artista de tan singular propuesta y tras solucionar –suponemos– la debida transacción pecuniaria, la obra completa que iba a ser expuesta, partió al día siguiente hacia Nápoles.

Bien se puede decir, sin temor a equivocarse, que pocos artistas cuentan con una hazaña tan memorable en su currículo.

Ni qué decir tiene que los posibles damnificados de esta curiosa y estrambótica anécdota (los aficionados al Arte piacentinos) tuvieron ulteriores ocasiones de disfrutar de las obras del magnífico pintor. Así pues, todos contentos.

 

 

OTRAS EXPOSICIONES NOTABLES

 

PALMA DE MALLORCA

 

La exposición de José Mondéjar en la Galería Latina de Palma de Mallorca en 1981 no la olvidarán fácilmente quienes la presenciaron. En ella participaron una banda de música, un perro disfrazado, un borrico, un camello, una cabra, un carruaje, multitud de personas disfrazadas y pancartas alusivas a la exposición; también hubo bengalas, policía motorizada, tráfico cortado; en definitiva, un auténtico espectáculo lúdico-cultural por las calles de la zona.

Cuando el cortejo se aproximaba a la galería, el artiodáctilo rumiante –acostumbrado como estaba a deambular por las finas arenas del desierto y no por el pedregoso asfalto– no pudo entrar en la galería como estaba previsto, ya que unos metros antes, en el estrecho callejón de Pas d’en Quint, literalmente le sobrevino una diarrea descomunal.

El pobre animal a medida que iba deponiendo, descompuesto por el vaciamiento rítmico de sus tripas, fue esparciendo las heces con la cola, y regó a todos los que rodeaban el séquito, escaparates de las tiendas, banda de música, policías municipales y todo ser viviente en un radio de varios metros a la redonda.

A pesar de los pequeños detalles escatológicos citados, la exposición fue un éxito.

Sin embargo, en honor a la verdad, ninguno de los invitados y curiosos convocados a la inauguración de dicha exposición, podrá olvidar este rocambolesco e hilarante suceso.

 

ZAMORA

 

Años después, en Zamora, en una exposición patrocinada por la Caja de Ahorros de Zamora, la calle de Santa Clara y alrededores se vió inundada por un cortejo de niños portadores de pancartas alusivas a la exposición de pinturas de José Mondéjar. También participaron músicos y animales disfrazados: tortugas, perros, gatos, loros, etc.

Fue una inauguración muy tierna y alegre; pero el artista –esta vez– no se atrevió a desafiar a los zamoranos con otro camélido de vientre suelto.

 
 

PARIS

GRAN EXPOSICIÓN EN PARIS EN 1997: GALERÍA BRAYER

 

La importante Galería Brayer de París, sita en la calle Guenegau, frente a la Casa de la Moneda de la capital francesa, acogió la obra de José Mondéjar en septiembre de 1997.

Este hecho se produjo después de que su amable dueña admirara varios cuadros suyos en la Feria de Arte de Bruselas de 1996 (CMAC), donde sus cuadros tuvieron una gran proyección y éxito comercial y artístico.

Como se ha señalado, aparte de sus ventas en Bruselas en diferentes épocas, dicha Feria de Arte fue muy importante para José Mondéjar porque le abrió las puertas definitivamente del mercado europeo.

Así pues, la exposición de París se llevó a cabo con un notable éxito y entre los invitados acudieron el Alcalde del distrito parisino de la citada galería, M. Le Coq, el Excmo. Sr. Embajador de España en Francia, Sr. Benavides, varios artistas parisinos, el abogado catalán D. Jaime Godoy, el prestigioso crítico de arte de la revista francesa “Univers des Arts”, Sr. Jean-Louis Avril y un largo etcétera de amigos y representantes de la vida artística y cultural parisina.

El cartel anunciador de la exposición fue el bellísimo cuadro de temática operística, “Madama Butterfly espera a Pinkerton abanicando sus calores sexuales rodeada de cometas y naranjos”.

Como no podía ser de otra forma, también hay una serie de pequeñas anécdotas ocurridas en torno a la inauguración:

Los artistas parisinos que acudieron a la presentación, obsequiaron al pintor madrileño con un bautizo-happening a las orillas del mismísimo Sena, como signo inequívoco de su consagración artística en la “Ciudad de la Luz”. Hecho que divirtió y complació sobremanera a los allí presentes, especialmente a José (Pepe) para los amigos.

Otra no menos curiosa la protagonizó el Excmo. Sr. Embajador español y transcurrió de la siguiente manera: antes de que el Sr. Benavides le fuera presentado, él mismo en un aparte se acercó al artista y le expresó su admiración por su obra y las ganas que tenía de conocerle.

José Mondéjar, desconocedor en ese momento de la identidad de su espontáneo admirador, le contestó con las siguientes palabras: “Me halaga usted, mi querido amigo; por cierto, permítame decirle, en justa correspondencia a su amabilidad, que se expresa usted en un perfecto castellano”; a lo que divertidamente respondió su ignoto contertulio: “Querido Mondéjar, no me queda más remedio puesto que soy Benavides, el Embajador de España en París”.

Mondéjar, jocoso, sin arredrarse un ápice le respondió: “No me diga usted más, ¡así ya se puede!”.

Mientras todo esto sucedía, el Sr. alcalde –del correspondiente distrito–, M. Le Coq depositaba su interés, a hurtadillas, en el cuadro titulado “Retrato de Político Polivalente”.

Pero sin lugar a dudas, el lienzo que más eligios y sincera admiración recibió fue el hermosísimo cuadro de gran formato (81 x 100 cm.) “La Reina sin nombre” (Entre Segóbriga y Valparaiso), de la serie Olkadia.

La magnífica pintura es una recreación poética y minimalista de una antigua leyenda que trata de una valerosa reina celtíbera que salvó su ciudad al rescatar de las aguas de un lago al rey visigodo Recesvinto, con el que llegó a contraer nupcias, quedando así anulada la prohibición del matrimonio entre celtíbero-romanos y godos.

La leyenda fue recogida y narrada siglos después por el escritor romántico Harztenbourg.

El cuadro es un prodigio de color, de minuciosidad, de belleza turbadora con una reina casi diosa de hermosos pechos desnudos, que porta un cáliz tan misterioso como su enigmática mirada, cual si de una “gioconda” celtíbera se tratara.

 

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